Francia vivió este sábado 17 de octubre una jornada de protestas contra el encarecimiento de la vida y la pérdida de poder adquisitivo, con enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, incendios, saqueos e irrupciones en ayuntamientos de varias ciudades.
Según el Ministerio del Interior, hasta las 17:00, hora local, se habían registrado 400 detenciones en el país, en una movilización que recuperó las consignas de los ‘chalecos amarillos’ y reunió a distintos sectores sociales contra las políticas del gobierno de Emmanuel Macron.
La convocatoria, difundida inicialmente en redes sociales bajo el lema “Amarillos y Jóvenes”, se extendió a unos 500 puntos del territorio francés. Estudiantes, funcionarios, transportistas, agricultores, profesores, jubilados y activistas climáticos se sumaron a las manifestaciones, que también estuvieron acompañadas por reclamos relacionados con las condiciones educativas y la actuación policial en las movilizaciones estudiantiles iniciadas a finales de septiembre.
Las cifras de participación variaron según las fuentes. Los organizadores calcularon que 800.000 personas salieron a las calles, mientras las autoridades estimaron una asistencia de 550.000. La Confederación General del Trabajo (CGT), por su parte, cifró la movilización en alrededor de 500.000 participantes.
Las consignas “Abajo el sistema”, “Tomamos la Bastilla” y “Macron dimisión” expresaron el malestar de los manifestantes, en medio de un final de mandato marcado por las tensiones económicas y políticas. El aumento de los precios de los combustibles, en un contexto de guerra en Oriente Medio, se sumó a las preocupaciones por los salarios, la inflación y el acceso a los servicios públicos.
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“A finales de mes ya no me queda nada, los precios suben, pero los salarios no. No podemos más, nos ahogamos”, denunció Franck, un funcionario que participó en una concentración en Guéret, en el centro de Francia, junto a unas 300 personas, entre ellas estudiantes de secundaria.
Florine Pigny, una tatuadora de 36 años residente en los suburbios de París, describió la movilización como un punto de encuentro entre distintos sectores inconformes. “Hoy hay un punto de convergencia de muchas rabias, todas legítimas y todas más o menos conectadas”, afirmó. También expresó preocupación por el futuro de su hija y la situación de los servicios públicos.
París, entre las marchas pacíficas y los enfrentamientos con la Policía
La principal manifestación de París comenzó a las 14:30, hora local, en la plaza de la República. Mientras la marcha autorizada avanzaba hacia la plaza de Clichy, grupos de manifestantes enmascarados se enfrentaron con agentes antidisturbios en calles cercanas.
Durante los choques, la Policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua. También se reportaron incendios de automóviles, motocicletas, bicicletas y contenedores, además de daños en establecimientos comerciales. Los bomberos y las ambulancias tuvieron que desplazarse entre barricadas levantadas con distintos objetos.
Las autoridades habían prohibido las manifestaciones en puntos estratégicos, entre ellos los Campos Elíseos, y dispersaron concentraciones no autorizadas en sectores cercanos al Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia francesa. Ante los incidentes, desplegaron unidades especializadas en el control de disturbios urbanos.
Philippe Doué, un desempleado de 54 años que participó en las primeras movilizaciones de los ‘chalecos amarillos’, llegó desde Nanterre con un grupo de amigos. «Hemos vuelto. Han pasado ocho años, pero todo sigue igual de mal», afirmó. Sobre la situación económica, agregó que la gasolina está más cara y que los ciudadanos tienen menos recursos. También sostuvo que Macron «se ha reído de nosotros».
Aunque la marcha principal transcurrió en buena medida por el recorrido autorizado, los enfrentamientos en sus alrededores marcaron la jornada en la capital.
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Marsella, Lille y Lyon: ayuntamientos invadidos y comercios afectados
Los disturbios también se extendieron a otras ciudades francesas. En Marsella y Lille, manifestantes entraron en los respectivos ayuntamientos. En Marsella, algunos forzaron las puertas del edificio y accedieron brevemente al vestíbulo, donde causaron daños y realizaron pintadas. Durante el incidente, un busto de Marianne, símbolo de la República francesa, fue derribado y sufrió desperfectos.
El alcalde de Marsella, Benoît Payan, cuestionó los hechos y declaró a BFMTV: “Es inaceptable utilizar este tipo de reivindicaciones para entrar, romper y destruir el cemento que nos une como nación”. También calificó a los responsables de los actos violentos como “tontos útiles de la extrema derecha”.
En esa ciudad se denunciaron daños en comercios y en la comisaría municipal de La Canebière. En Lyon, las calles quedaron parcialmente bloqueadas por barricadas hechas con bicicletas de alquiler, contenedores y neumáticos. Una oficina de turismo ubicada en la plaza Bellecour fue saqueada e incendiada, mientras los enfrentamientos dificultaban el trabajo de los bomberos.
Las autoridades también reportaron incidentes en Ruán, Rennes, Toulouse, Angers, Tolón y Caen. En Ruán, un incendio que afectó la fachada de un edificio universitario está siendo investigado como un posible acto criminal. En Tolón, dos policías resultaron heridos por proyectiles, mientras que en Caen se denunciaron saqueos, grafitis en edificios públicos y daños a vehículos policiales.
Para hacer frente a los disturbios, el Ministerio del Interior movilizó a 10.000 policías y gendarmes en todo el país, de los cuales 5.000 fueron destinados a París.
Un manifestante perdió una mano durante la intervención policial
Uno de los incidentes más graves ocurrió en Saint-Étienne, en el centro de Francia, donde un manifestante perdió una mano tras la explosión de una granada lanzada por las fuerzas de seguridad. Una fuente cercana al caso confirmó el hecho a la AFP, aunque no precisó el tipo de artefacto.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, había advertido que las fuerzas de seguridad podrían utilizar granadas aturdidoras en caso de disturbios urbanos. El uso de estos dispositivos había sido restringido durante las protestas estudiantiles después de que otro joven perdiera una mano.
Los hechos recuerdan los enfrentamientos registrados durante las movilizaciones de los ‘chalecos amarillos’ de 2018 y 2019, cuando las actuaciones policiales y los destrozos en espacios públicos, incluido el Arco del Triunfo, provocaron una fuerte conmoción en Francia.
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Macron pidió calma y el Gobierno anunció medidas económicas
La noche del viernes, Emmanuel Macron pidió “calma” y defendió el derecho a manifestarse, al tiempo que reclamó “respeto” y pidió no “insultar” ni “romper” nada. Sin embargo, los enfrentamientos registrados durante la jornada pusieron de nuevo la respuesta policial en el centro de la discusión.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, rechazó que las reivindicaciones sociales se expresaran mediante actos violentos. “No nos dejaremos intimidar. Nadie impondrá su agenda política por la violencia”, afirmó, al denunciar una “violencia de intensidad extrema”.
En los días previos a las manifestaciones, el Gobierno anunció medidas para responder a algunas de las preocupaciones económicas. Entre ellas figuran nuevos fondos para el sector agrícola en 2027, la liberación de 10 millones de barriles de gasóleo con el propósito de intentar reducir los precios y ayudas para localidades rurales.
No obstante, las protestas coincidieron con las negociaciones presupuestarias para 2027. El Ejecutivo busca la aprobación parlamentaria de un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros, equivalentes a unos 60.780 millones de dólares, con el objetivo de sanear las finanzas públicas.
El alcance de ese ajuste y sus posibles efectos se suman a las preocupaciones de los sectores que reclaman mayor capacidad adquisitiva y mejores condiciones para acceder a los servicios públicos.
Le Pen y Mélenchon se enfrentan por el alcance político de las protestas
Las manifestaciones también intensificaron la disputa entre las principales figuras políticas francesas, cuando faltan aproximadamente seis meses para las elecciones presidenciales de 2027.
Marine Le Pen, líder de Agrupación Nacional y una de las candidatas mejor posicionadas en los sondeos, responsabilizó a La Francia Insumisa (LFI), el partido de Jean-Luc Mélenchon, de aprovechar el malestar social. “La extrema izquierda tomó de nuevo como rehén las reivindicaciones sociales legítimas”, afirmó.
Mélenchon, por su parte, cuestionó la cobertura de los disturbios en los medios de comunicación y sostuvo que las imágenes de violencia no representaban el conjunto de las manifestaciones, que consideró mayoritariamente pacíficas.
Un sondeo de Elabe publicado a mediados de septiembre indicó que dos tercios de los franceses apoyaban el regreso de los ‘chalecos amarillos’. El mismo estudio situó a Le Pen como la candidata mejor valorada para aumentar el poder adquisitivo.
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¿Qué fueron los ‘chalecos amarillos’ y por qué regresan?
Los ‘chalecos amarillos’ surgieron en 2018 contra el aumento de los impuestos a los combustibles durante el gobierno de Macron. Su primera jornada, el 17 de noviembre, reunió a 282.000 personas y luego incorporó reclamos por el costo de vida y el poder adquisitivo.
Ocho años después, la convocatoria del 17 de octubre reunió a jóvenes, ecologistas, agricultores y sindicatos como Solidaires y la Confederación Campesina. Los organizadores anunciaron un millar de acciones.
Las protestas coinciden con las discusiones del presupuesto francés de 2027 y los últimos meses del mandato de Macron, en vísperas de las elecciones presidenciales.
🇫🇷 | URGENTE: El reloj de la torre del Ayuntamiento de Limoges en Francia, edificio de 1876 y designado como monumento histórico en 1975, se ha derrumbado después de que fuera incendiado como parte de las protestas. https://t.co/vPNb2GpIJT
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) October 17, 2026
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